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Tradición e innovación: un romance imprescindible

“La innovación de hoy es la tradición de mañana.” – Lidia Bastianich

En esta simpática leyenda sobre el menguar de la luna, Enrico Casarosa y Pixar nos traen un importante mensaje sobre las diferencias generacionales.

En el cortometraje “La Luna” (2011), un niño es llevado por primera vez por su abuelo y su padre a realizar la actividad familiar: barrer las estrellas que caen en la luna. Desde el comienzo del viaje, tanto el abuelo como el padre intentan mostrarle al pequeño qué pasos debe seguir pero sin lograr estar de acuerdo entre ellos. El niño se siente abrumado y confundido por las constantes discusiones y los diferentes mensajes que recibe.

De manera similar sucede cuando hay choques entre generaciones. Cada persona crece en un contexto determinado y por eso sus experiencias son distintas. La manera de actuar se ajusta al camino que a cada persona le ha tocado recorrer. Eso se muestra con gracia en el corto al observar el niño que la herramienta que utiliza cada uno de sus familiares imita en cierta manera la forma de sus caras. Simbolizando una relación entre la conducta y los factores variantes que influyen en ella.

Es así que muchas veces se dan malos entendidos entre miembros de generaciones distintas. Se enfrentan los métodos tradicionales de hacer las cosas con el impulso a innovar y hacer cambios. A veces a una generación le cuesta mucho comprender a otra, porque no han vivido lo mismo y porque el mundo que los rodea cambió, influyendo decididamente en sus formaciones.

Puede ser difícil para las generaciones mayores dejar a sus descendientes tomar un camino propio, especialmente si se aleja de lo conocido para ellos. Pero la innovación, aunque arriesgada, es lo único que nos va a permitir llegar a metas nunca antes alcanzadas. Esto no quiere decir que debamos olvidar la tradición. Las generaciones mayores nos trazan un camino, nos dan un mundo en el que dejaron su huella, para que nosotros hagamos lo mismo. Lo que tenemos hasta ahora, se lo debemos a lo que vino antes.

En el corto, entre las discusiones, los tres personajes encuentran una estrella gigante que deben mover sin saber cómo. La sorpresa los silenció y así, habiéndose liberado de presiones abrumadoras, el niño encontró su propio estilo para hacer las cosas y pudo resolver el problema por sí solo, con una idea que sus parientes no conocían. Logró cambiar la perspectiva de ambos, demostrando los buenos resultados que le trajo el pensar diferente y atreverse a elegir su propio camino. Pero no habría podido llegar tan lejos sin haber sido guiado por su padre y abuelo, que antes fueron guiados por sus antepasados. Entre el pasado que ya no existe y el futuro que aún no conocemos, está el presente. Y es ahí donde podemos realizar cambios. Es cuestión de abrir la mente, de comprender y aceptar las diferencias. De tener la humildad para entender que podemos aprender de otros, sean mayores o menores que nosotros. Podemos traer la tradición al hoy, adaptarla a la actualidad. Tomar lo mejor de todas las generaciones anteriores, y realizar nuestro propio aporte. Marcar un camino propio con las guías que heredamos y así hacer la diferencia.

Sin la tradición, quizás no reconoceríamos esas gigantes estrellas cuando las vemos. Sin la innovación, no tendríamos idea de qué hacer con ellas.

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