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El juego: es con uno mismo

Como parte de la tradición de las excelentes producciones de Pixar, Jan Pikava escribió y dirigió en el 2007 el cortometraje El Juego de Geri [Geri´s game], en el que se desarrolla una escena en la que un anciano juega un interesante partido de ajedrez.

La primera toma muestra un tablero de ajedrez que poco a poco se va abriendo hacia una mano ordenando las fichas y que termina en una imagen inesperada: Geri –el anciano- sentado solo frente al tablero. Se pone entonces sus lentes y hace su primera jugada. Al terminar, se para y camina hacia el otro lado del tablero donde su personaje empieza a desdoblarse en dos distintas versiones de él. Poco a poco, conforme el juego va progresando, la cámara genera la sensación de que son dos personajes distintos jugando: el Geri reflexivo de las fichas blancas, el fondo amarillo y los lentes de ver, y el Geri desafiante y humillante de las fichas negras y el fondo rojo, que rápidamente pone en jaque al primero:

Como puede verse hacia el final, es el Geri reflexivo quien gana el partido para recuperar su dentadura. Pero ¿a qué responde este desdoblamiento que propone el corto? ¿Por qué sentimos pena cuando el Geri reflexivo está por perder? Y también ¿qué representa ese giro final en el que voltea el tablero a su favor?

Para empezar, es interesante ver que se presentan dos personajes que sintetizan las diferentes partes que nos conforman: cada persona cuenta con una fuerza orientada hacia la vida, lo saludable y la capacidad para sentir empatía. Pero, también, las personas tenemos aspectos como los del Geri “malo”, cuya energía está más orientada a humillar, a doblegar, a hacernos creer que no valemos tanto. Y es que muchas veces pareciera que somos una persona para después ser otra ¿Quién no se ha visto alguna vez deseando algo para verse luego caminando en dirección opuesta a lograrlo?

Ahora bien, hay que tener cuidado con identificarse demasiado con el Geri bueno, pues no hay que olvidar que estamos hablando del mismo personaje. Creo que el corto propone de forma extraordinariamente simple que, cuando sentimos lástima por nuestras circunstancias, viene bien recordar que muchas veces somos nosotros mismos quienes las generamos.

Pensemos ahora que esas distintas formas de funcionar que las personas tenemos pueden acercarse y dejar de ser tan opuestas. Pensemos que con el tiempo y la experiencia de los años –representadas en la edad del personaje- se logra acercar a ese Geri malo, que ya no tiene que parecer otro y que, un tanto más integrado, puede funcionar a nuestro favor. El Geri bueno usa una estrategia que pareciera pertenecerle al otro, lo que equivale a decir que –trabajadas y pensadas- nuestras partes más destructivas pueden encontrar una forma más saludable de expresión.

Para terminar, el corto hace una importante referencia a la soledad: el otoño, el parque vacío y el que haya un solo personaje dan cuenta de eso, y creo que lo hace porque busca proponer que ese juego entre lo que uno desea y lo que hace, entre nuestras partes opuestas y desintegradas, entre lo vital y lo destructivo, es un juego que solo puede jugarse contra uno mismo. Con suerte, y con mucho espacio para entender y aceptar todo lo que somos, aprenderemos hacer que prevalezca nuestro lado más saludable.

 

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