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Día y Noche: Conviviendo con lo distinto

“Día y Noche” es un cortometraje animado de Píxar que fue lanzado en el año 2010. Este gira en torno a dos personajes opuestos que se encuentran por primera vez, alarmados por sus diferencias.

 

 

La historia destaca el respeto y la tolerancia, así como la valoración de las diferencias entre las personas, resaltando que, mantener una mente abierta a lo distinto puede resultar enriquecedor para ambas partes. Esta complementación puede aplicar para las relaciones personales como también las colectivas dentro de la sociedad.

Entre Día y Noche, hay diferencias que captan mutuamente la atención por tratarse de algo desconocido. De la misma manera, para un individuo o un grupo lo desconocido tiende a situarse fuera de su zona de confort. Eso genera temor y desconfianza, que se busca aliviar a través de la elaboración de juicios, pero evitando el acercamiento. Los esquemas que se crean, de esta manera, se convierten en prejuicios no basados en la experiencia.

El rechazo de un individuo o grupo puede causar su sumisión temporal, pero también, eventualmente, el surgimiento de la necesidad de hacerse notar como un miembro valioso y capaz. Es esto lo que intenta Día para ganarse el respeto de Noche. Cuando la propuesta de uno no es bien recibida, tiende a generarse una reacción bilateral y convertirse en una competencia nociva, una lucha de poder.

Como en el corto, ha sucedido en la historia que el conflicto entre dos grupos se hace cada vez más agresivo hasta tener alcances violentos. Es un ciclo que puede llegar a darse cuando el cambio es afrontado desde un lugar temeroso, prejuicioso y poco receptivo.

Si aspiramos a una sociedad tolerante e inclusiva, debemos tomar en cuenta lo que nos muestra el corto posteriormente. Casi sin querer, Noche encuentra en Día aspectos atractivos de los que ella misma carece, y viceversa. Descubren, entonces, que pueden enriquecerse si se mantienen unidos, pues se complementan por tener, individualmente, elementos distintos. La emisora radial les permite entender lo que ha estado sucediéndoles:

Tienen miedo de las nuevas ideas… están llenos de prejuicios que no están basados en la realidad, sino que están basados en el hecho de que si algo es nuevo simplemente lo rechazan de inmediato, porque les atemoriza. Lo que hacen realmente es quedarse con lo que es familiar. Sabes, para mí, lo más lindo del universo es lo más misterioso…

La idea que nos transmite el cortometraje puede aplicarse en diferentes ámbitos. A nivel de sociedad, la intolerancia hacia lo distinto- ya sea que nos referimos a raza, género, orientación sexual, religión o política- es una causante de violencia a nivel mundial y en el Perú en particular. Como Día y Noche, diferentes grupos compiten agresivamente en lugar de complementarse en la construcción de una sociedad que pueda gozar de lo que cada uno puede aportar, lo cual va mucho más allá de bienes materiales y llega a influir en el desarrollo individual de sus miembros.

Por esta razón, la educación debería tener una función de “emisora radial” para las nuevas generaciones: explicar y educar hacia ese ideal; sin embargo, lamentablemente, esto no siempre funciona así.

Del mismo modo en que sucede a nivel colectivo, el temor a lo distinto impacta a nivel interpersonal también. En las escuelas, genera frecuentemente acoso y violencia. No solamente entre alumnos, sino con maestros que no favorecen la inclusión en el salón de clase debido a prejuicios. No sucede únicamente en forma de discriminación hacia minorías, ocurre también en la falta de pluralismo frente a un pensamiento que se sale de lo convencional. A pesar de que, tal como la historia universal lo demuestra, en las condiciones correctas los frutos de estas nuevas formas de pensar, pueden cambiar el mundo.

Si bien queda camino por recorrer, este está siendo transitado paso a paso. Vamos entendiendo que las diferencias nos enriquecen y que el cambio no debe verse como una amenaza sino como la oportunidad de conocer algo nuevo o, como diría Platón, salir de la caverna.

Aún así, no podemos conformarnos con lo avanzado, es necesario persistir en esa senda. Ser cada vez más los que actuamos como “emisora radial” y encargarnos de educar, de alzar la voz ante la intolerancia.

Que al que diga “lo distinto no puede convivir” porque es como el día y la noche, se le responda: “¿A quién no le gusta un atardecer?”.

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